lunes, 10 de febrero de 2014

Ipad Air, Whitman y El club de los poetas muertos

Siempre es agradable reencontrarse con este clásico del cine, El club de los poetas muertos, y por extensión con la poesía de Walt Whitman. Este spot es un claro ejemplo de cómo la publicidad va más allá de la mera descripción técnica de un producto y apela a sentimientos universales que nos conmueven y logran que nos identifiquemos con la marca.



A continuación, podéis disfrutar del poema de Whitman

O Me! O Life!

By Walt Whitman
Oh me! Oh life! of the questions of these recurring,
Of the endless trains of the faithless, of cities fill’d with the foolish,
Of myself forever reproaching myself, (for who more foolish than I, and who more faithless?)
Of eyes that vainly crave the light, of the objects mean, of the struggle ever renew’d,
Of the poor results of all, of the plodding and sordid crowds I see around me,
Of the empty and useless years of the rest, with the rest me intertwined,
The question, O me! so sad, recurring—What good amid these, O me, O life?

                                       Answer.
That you are here—that life exists and identity,
That the powerful play goes on, and you may contribute a verse.

martes, 9 de abril de 2013

METAFICCIÓN Y PUBLICIDAD: PERSONAJES EN BUSCA DE AUTOR

 Hemos hablado largo y tendido sobre el "pacto de la ficción" que se establece entre autor y lector cuando este se dispone a disfrutar de una obra literaria. Parece sensato que el autor intente por todos los medios mantener esa ficción tratando, por ejemplo, de crear argumentos, personajes o escenarios verosímiles, que, durante el tiempo que dura la lectura, atrapen al lector en un mundo que solo existía hasta entonces en la imaginación del autor.
Sin embargo, esto no siempre es así. Algunos autores desean que el lector se percate de la naturaleza ficticia de sus narraciones o piezas teatrales rompiendo los límites de la ficción y consiguiendo así, paradójicamente,  extender la ficción a la realidad o teñir de realidad la ficción. 

Patricia Waugh lo define  así: “Metaficción es un término que se ha dado a la escritura ficcional que, de manera autoconsciente y sistemáticamente, llama la atención sobre su propio estatuto de artefacto
con el fin de cuestionar la relación entre la ficción y la realidad”. (1)

En Niebla Unamuno conversa con un personaje, Augusto:

El pobre hombre temblaba como un azogado, mirándome como un poseído miraría. Intentó levantarse,
acaso para huir de mí; no podía. No disponía de sus fuerzas.
––¡No, no te muevas! ––le ordené.
––Es que... es que... ––balbuceó.
––Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
––¿Cómo? ––exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
––Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? ––le pregunté.
––Que tenga valor para hacerlo ––me contestó.
––No ––le dije––, ¡que esté vivo!
––¡Desde luego!
––¡Y tú no estás vivo!
––¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto? ––y empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
––¡No, hombre, no! ––le repliqué––. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
––¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse! ––me suplicó consternado––, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.
––Pues bien; la verdad es, querido Augusto ––le dije con la más dulce de mis voces––, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...
––¿Cómo que no existo? ––––exclamó.
––No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.
Al oír esto quedóse el pobre hombre mirándome un rato con una de esas miradas perforadoras que parecen atravesar la mira a ir más allá, miró luego un momento a mi retrato al óleo que preside a mis libros, le volvió el color y el aliento, fue recobrándose, se hizo dueño de sí, apoyó los codos en mi camilla, a que estaba arrimado frente a mí y, la cara en las palmas de las manos y mirándome con una sonrisa en los ojos, me dijo lentamente:
––Mire usted bien, don Miguel... no sea que esté usted equivocado y que ocurra precisamente todo lo contrario de lo que usted se cree y me dice.
––Y ¿qué es lo contrario? ––le pregunté alarmado de verle recobrar vida propia.
––No sea, mi querido don Miguel ––añadió––, que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo, ni muerto... No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo...
––¡Eso más faltaba! ––exclamé algo molesto.
––No se exalte usted así, señor de Unamuno ––me replicó––, tenga calma. Usted ha manifestado dudas sobre mi existencia...
––Dudas no ––le interrumpí––; certeza absoluta de que tú no existes fuera de mi producción novelesca.
––Bueno, pues no se incomode tanto si yo a mi vez dudo de la existencia de usted y no de la mía propia. Vamos a cuentas: ¿no ha sido usted el que no una sino varias veces ha dicho que don Quijote y Sancho son no ya tan reales, sino más reales que Cervantes?
––No puedo negarlo, pero mi sentido al decir eso era...
––Bueno, dejémonos de esos sentires y vamos a otra cosa. Cuando un hombre dormido a inerte en la cama sueña algo, ¿qué es lo que más existe, él como conciencia que sueña, o su sueño?
––¿Y si sueña que existe él mismo, el soñador? ––le repliqué a mi vez.
––En ese caso, amigo don Miguel, le pregunto yo a mi vez, ¿de qué manera existe él, como soñador que se sueña, o como soñado por sí mismo? Y fíjese, además, en que al admitir esta discusión conmigo me reconoce ya existencia independiente de sí.
––¡No, eso no!, ¡eso no! ––le dije vivamente––. Yo necesito discutir, sin discusión no vivo y sin contradicción, y cuando no hay fuera de mí quien me discuta y contradiga invento dentro de mí quien lo haga. Mis monólogos son diálogos.
––Y acaso los diálogos que usted forje no sean más que monólogos...
––Puede ser. Pero te digo y repito que tú no existes fuera de mí...

Es un texto que nos invita a reflexionar sobre temas profundos como el sentimiento trágico de la vida, la rebeldía del ser humano frente a un creador, etc.

¿Cómo convertir un asunto más bien árido y deprimente en un reclamo publicitario?



Reflexiona:

1. ¿Qué elementos han introducido los publicistas para que el anuncio nos induzca a comprar y no a filosofar sobre cuestiones existenciales?
2. Busca información sobre esos personajes en busca de autor que aparecen antes del anuncio. ¿Con qué obra y autor se relacionan? ¿Cuál es el argumento?

sábado, 15 de diciembre de 2012

El gótico

Frankenstein (foto extraída del artículo de RTVE)
Recuperamos un artículo que apareció en la web de RTVE con motivo de la Semana gótica de Madrid. Lo leímos cuando hablamos del Romanticismo y su estética y ahora lo recuperamos para referirnos a autores como Mary Shelley, R. L. Stevenson o Poe.

En sus novelas descubrimos, como explica la estudiosa Estrella López Keller, antecedentes del temor a la ciencia que aparece en la literatura distópica (pensemos en las veces que la novela gótica recurre a la figura del científico loco).












Sin embargo, en estas novelas, sigue explicando López Keller, la ciencia como peligro es un mero recurso literario que no tiene las repercusiones sociales de las distopías de H. G. Wells o de Orwell.

La distopía


Algunos de nosotros acabamos de leer Rebelión en la granja (por cierto, ¿sabías que este libro fue rechazado en más de una editorial? Un editor le llegó a comentar que era imposible vender historias de animales en América). En la interesante tertulia que iniciamos después, surgió el tema de la distopía, para algunos, otro subgénero de la ciencia-ficción. Como comentamos en clase, las distopías muestran el lado oscuro de sociedades aparentemente perfectas. Si deseas saber más sobre este subgénero, lee el siguiente artículo.







Especial Cine Distópico: Fritz Lang's Metropolis

Otras famosas distopías son las que se han llevado a la gran pantalla. No os perdáis Metrópolis, de Fritz Lang (no os asuste la fecha, 1927) o Blade Runner, de Ridley Scott (1982).



Si quieres ver Metrópolis, aquí tienes la película (fuente: Youtube).




El steampunk

foton
Foto extraída del articulo citado.

En clase sólo estudiamos los subgéneros narrativos tradicionales: thriller, policiaco, novela negra, etc., pero hay otros que hay surgido recientemente y que sería interesante ir conociendo.
En música estamos más puestos: no hablamos sólo de rock, pop, o clásica. Afinamos mucho más: britt pop, indie pop, power pop, etc. 
Aunque no seamos tan conscientes de ello, en la narrativa pasa lo mismo que en la música: los subgéneros se modifican y toman otra formas.

En esta ocasión, os enlazo un artículo de El País sobre el steampunk. Si os gustaron las novelas de Julio Verne, H.G.Wells o Mary Shelley, este subgénero retrofuturista (¡menudo oxímoron!) os interesa. Pinchad en el pie de foto.

jueves, 25 de octubre de 2012

Cortázar y el SEAT León

En este caso, este spot ha tomado el texto del escritor Julio Cortázar para anunciar el SEAT León. Fíjate en cómo, a pesar de que el texto habla de un reloj, las imágenes hacen que lo asociemos enseguida al coche.




El texto literario presenta el reloj como un objeto alienante, con matices negativos. ¿Cómo consigue el spot que no ocurra lo mismo con el coche?